Las Hadas existen, las varitas mágicas no

por / Viernes, 25 septiembre 2015 / Publicado enBlog
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Desde pequeño Abel había creído en hadas y duendes. Fue creciendo y ya de adulto ni se planteaba la existencia de estos seres.

Un día en el que por suerte pudo salir de su trabajo un poco antes de lo habitual, decidió no subirse al autobús y volver a casa caminando por el bosque. Hubo una piedra que le llamó especialmente la atención, así que se agachó, la cogió, y tras observarla por unos instantes, la guardó en el bolsillo de su chaqueta. Siguió caminando y en esta ocasión fue una roca la que captó su interés y decidió sentarse a descansar. No había pasado demasiado tiempo cuando vio algo moverse por su costado derecho, giró la cabeza y la sintió aleteando por su oreja izquierda, volvió a mover bruscamente la cabeza y finalmente la tenía delante de él. ¡No, lo podía creer! ¡Era un hada, muy parecida a la que veía de pequeño!

– Hola Abel ¿Cómo te va la vida?

– Pues la verdad que no demasiado bien. Llevo más de 15 años en un trabajo que cada día me aburre más, con mi mujer tampoco es que las cosas vayan demasiado bien y bueno, prefiero no seguir contándote mis desgracias.

– Tranquilo, que todo pasa por algo. De las situaciones difíciles se aprende y se sale fortalecido. ¿Te puedo hacer una pregunta? Si te pudiera conceder un deseo ¿Cuál sería?

– Abel tardó un rato en contestar, hasta que finalmente exclamó: ¡Dar la vuelta al mundo!

– ¿Eso es lo que más querrías?

– ¡Si! Siempre he soñado con viajar, conocer otras culturas, hacer fotos en distintos lugares, marcar mi pasaporte con sellos…

– ¿Para hacerlo qué necesitarías?

– Tiempo, dinero, pero sobre todo valor y decisión.

– Yo no puedo hacer milagros, pero sí podría ayudarte a encontrar la solución y a que hagas tu sueño realidad. ¿Quieres?

– ¡Claro!

– Perfecto, nos volvemos a encontrar la semana que viene a la misma hora y aquí mismo. De momento, lo que te pido es que hagas una lista con todos los bienes materiales que tienes y cuál estimas es su valor económico. Y también que hagas un posible plan de viaje: donde empezarías, a qué lugares irías y donde acabarías.

-¡Genial! ¡En una semana te cuento! Y se marchó todo ilusionado.

Transcurrió una semana y se volvieron a encontrar en la misma roca. Nada más verse, Abel le dijo: ¿Sabes? Me he dado cuenta de que el dinero no es un obstáculo. Además lo he hablado con mi mujer y me apoya totalmente en la idea. Hasta me ha sugerido que pidamos una excedencia de un año y nos lancemos a la aventura. Pero no sé, no lo veo tan fácil….

– Cuéntame ¿Qué dificultades encuentras?

– Creo que puede ser una idea muy bonita en la imaginación, pero en la realidad no lo veo tan factible. No sé por dónde empezar y me da mucho vértigo pensar en el día en que estemos tomando el avión rumbo a nuestro primer destino.

-Entiendo, veo que tienes miedo y unas cuantas resistencias internas. ¿Qué te parece si escribes sobre todo lo que te frena y la semana que viene me cuentas y vemos qué se puede hacer?

-Vale, haré lo que me dices. Pero la verdad que no creo que sea capaz de lanzarme a una locura así, ya no tengo edad para ello.

A la semana siguiente, el hada acudió puntual a su cita, pero Abel no lo hizo, ni a la siguiente ni a la otra. El hada, se cansó de esperar. Decepcionada volvió a comprobar que las varitas mágicas no funcionan si uno no lo desea y si el que recibe su magia no pone de su parte. Una vez más el miedo y la negatividad fueron más fuertes que la magia.

¿Cuál es tu conclusión de esta metáfora? ?Crees en las Hadas? ¿Qué deseo sería el primero que le pedirías? ¿Qué necesitarías hacer tú para conseguirlo?

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